Oscar Augusto Rivas Sánchez

Hoy, con la previa autorización de la dirección de Epicentro, me apartaré de la línea editorial, para referirme a cuestiones personales.

Resulta que en los días anteriores, mi salud se vio bastante afectada. El tema es que por medio de mi familia y de mi oficina profesional, recibí una infinidad de saludos y de preocupaciones por lo que me estaba pasando. No puedo saber cuántos fueron los que se interesaron por la salud de este mortal, fueron muchos. Por mi parte, tuve la gran satisfacción de saber cuántos me estiman.

Me abstengo de decir nombres, para evitar caer en omisiones que me desagradarían mucho. Pero para todos va mi reconocimiento y agradecimiento. Por favor sepan que los aprecio y estimo y acepten que simplemente, en nombre de mi familia y en el mío, les diga: MUCHAS GRACIAS.

DIFERENCIAS

Ahora, pensando en nuestro país, me refiero al hecho triste y lamentable ocurrido en Quetzaltenango, con ocasión de las celebraciones de su feria, que termino con la vida de nueve o más personas y dejó a muchas otras lesionadas.

Según publicaciones de prensa, resulta que la autorización para esa actividad pasó por distintas autoridades, las que como ya nos tienen acostumbrados, hicieron tramitología, papeles y firmas, pero nadie se ocupó se saber si las instalaciones en que se daría el concierto, eran capaces de albergar cómodamente a los asistentes, de poner un número límite de asistencia y mucho menos de comprobar la existencia de salidas, que ante un fenómeno natural o alguna acción humana, obligara a evacuar fácilmente el recinto.

Con mucha pena y tristeza pudimos conocer las declaraciones de TODAS las autoridades, que tienen como deber velar porque este tipo de sucesos no ocurran. Nadie se ha hecho responsable, con argumentos casi salvajes, unos dicen que nos les correspondía, otros que solo cobran la tarifa por autorización, que no es su competencia; el gobierno central, para no estorbar las “pomposas celebraciones” declaro Duelo Nacional tres días después. El Procurador de los Derechos Humanos tendría que haberse pronunciado, pero tampoco; y el Ministerio Publico está investigando, mientras se nos olvida el tema. Ni el pésame les han dado a los deudos, mucho menos indemnizarlos. Así, sobre los muertos únicamente las coronas. Mas barbaridad e irrespeto por la vida es difícil de encontrar.

Unos días antes pudimos conocer y ver que en España, durante un partido de futbol de la categoría superior, sin importar los nombres de los equipos, las estrellas que estaban en el campo, ni el resultado del encuentro, el árbitro detuvo el partido por casi media hora, al ser informado que en los graderíos había una persona con graves síntomas de salud, aparentemente infartada. El partido se reanudo luego de que a la persona indicada se le dio la atención médica necesaria y se le preservó la vida.

Las comparaciones siempre son malas, pero que diferencia de lo sucedido en España a lo sucedido en Xela.

Quizá es imposible, pero ojalá que las autoridades aprendan la lección y no permitan que sucesos como el comentado se repitan.