Héctor Oswaldo Samayoa

-Ah-Puch se ha apoderado de la U-

El dos veces Rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala, Carlos Martínez Duran exponía que Chaac, dios maya de la lluvia y el agua, brindaba a la universidad en su nuevo campus buenas cosechas, pero advertía también, que Ah-Puch seguramente rodearía a la U con rumores de muerte e intentaría enroscar sobre la esperanza más de algún maleficio. Confió aquel rector reconocido por su academia y su trabajo incansable por sentar la autonomía y hacer crecer los estudios superiores, que sus sucesores en el cargo lograrían forjar una Alma Mater digna y libre.

Expuso de una forma lúcida que América vive en la encrucijada, siempre tentada por dos caminos y «los universitarios se debaten entre una vida de estudio químicamente pura, de aislamiento en torre de marfil o en una celda de hierro, de indiferencia ante el drama de su pueblo, el de América, el de la humanidad, y una de militancia entusiasta y activa en defensa de la libertad, en defensa de las aspiraciones de los pueblos atrasados y miserables, que los poderosos llaman subdesarrollados, en forma peyorativa.»

Con lo expuesto por el profesor Martínez, cabe preguntarse ¿se ha logrado que Chaac brinde las buenas cosechas? ¿El Alma Mater se ha forjado digna y libre? ¿sigue el estudiante y el profesor teniendo esa militancia entusiasta y activa?

A la primer pregunta vale la pena recordar que el poder en la Universidad se maneja desde tres ámbitos: uno administrativo, otro estudiantil y otro docente. Es acá imprescindible criticar que el rol servil al que han sometido al docente interino en muchas unidades académicas ha llevado a una afectación directa de la libertad de catedra. La imposibilidad de ser libres y responsables derivado de guardar las formas ha llevado a que, muchos que no tienen el don de la docencia, lo sean, y otros tantos, que la tienen, se vean alejados de orientar y formar el conocimiento.

El poder de los docentes se ha mermado en el ámbito de la dirección y le han restado espacios para que pueda edificar alianzas académicas con el estudiante, el cual, ha quedado sometido y a la deriva de un sistema de administración que muchas veces puede llegar a ser extorsionador, esto, a cambio de favores políticos dentro de la administración. No debo generalizar, pero debe decirse que es una realidad lamentable en varias unidades académicas.

Como una planta siguiendo el rayo de luz solar que ingresa entre los escombros, el Alma Mater ha logrado permanecer digna, pero pondré en duda si ha logrado ser libre. Razón sencilla es que ha sido sometida a intereses políticos partidistas y de enriquecimiento a costa de poder administrativo y docente. Parece que el rol político de propuesta de cambio social, de defensa de las libertades, de generación de tecnología para la humanidad, quedo sometida a una política de autócratas que transforman la academia en súbdita para sus intereses particulares o grupales.

Llegado este punto, ya no hay pues una actividad entusiasta por darle preponderancia a ser una educación pública, autónoma y libre. Claro que es una educación política, nos recordaría Martínez Duran, puesto que desde ahí se construye también la democracia y su única escuela es la libertad para que el humano pueda hacerse humano.

En pocas palabras, hay una lucha entre cosechar o quedar atados al maleficio que hoy en día Ah-Puch ha sometido a la USAC. Un maleficio que la esta poniendo del lado incorrecto de la historia después de estar del lado correcto, un maleficio que hace que a la sociedad guatemalteca le duela el Alma Mater.