Luis Fernando Mack

«Es muy posible que hoy sigamos decorando el árbol de navidad porque un tipo llamado Charles Dickens tuvo a bien incluirlo en una de sus mejores obras”, Noel Cebellos

Los historiadores no se han puesto de acuerdo sobre el origen exacto de la navidad, sin embargo, existen ya algunos consensos: un documental de National Geografic afirma que “las Saturnales, las fiestas paganas que celebraban los romanos en honor a Saturno, influyeron en la creación de la Navidad que celebramos actualmente”. Los Saturnales se celebraban en el solsticio de invierno, entre el 17 y el 23 de diciembre, mientras que el 25 de ese mes culminaban las celebraciones con la fiesta del  Dies Natalis Solis Invicti, o el Festival del nacimiento del Sol inconquistado, que se asociaba al Dios Apolo. Cuando en el año 380, el emperador Teodocio I el Grande decretó la adopción del cristianismo como religión imperio, se fusionaron las celebraciones paganas previas con las que se asociaron al nacimiento de Cristo, por lo que oficialmente nació la festividad de la navidad. 

Durante los siguientes 10 siglos, la navidad tuvo un significado mayoritariamente religioso, por lo que, aunque se celebraba con regularidad, no tenía el estatus de universal con el que actualmente se le conoce, por lo que la conmemoración del nacimiento de Jesús estaba significativamente restringida a los grupos de creyentes. Sin embargo, a principios del siglo 19, existió un renacimiento de la celebración de la mano de la Reina Victoria de Inglaterra, debido a las creencias de la soberana: Un artículo de ACV afirma: “En Inglaterra, la sociedad comenzó a celebrar la Navidad desde la fascinación por las prácticas de la reina Victoria y su esposo Alberto. Fueron estos, en el ideal de cuento que los enmarcaba y a través de imágenes que los periódicos publicaban, quienes introdujeron la decoración del espíritu navideño”. La sociedad inglesa de entonces empezó a ver con fascinación la navidad, gracias al influjo de la Reina. En ese contexto cultural y político es que aparece una figura clave para entender la forma en que se celebra la navidad en la actualidad: Charles Dickens, un escritor venido a menos que el 19 de diciembre de 1843 publicó la primera versión de “Un cuento de Navidad”: una edición de 6000 copias sé que vendieron de forma inmediata. El relato capturó inmediatamente la atención de los lectores, con lo cual contribuyó enormemente a la difusión de la Navidad, tal como la conocemos hoy en día. 

Desde entonces, la navidad trascendió de su origen religioso, para convertirse en la mayor y más esperada época del año, la que conquistó la atención de la mayor parte de ciudadanos alrededor del mundo, debido a varios factores: en primer lugar, la celebración creó su propio “antídoto”: quién se oponga a la festividad, es considerado un “Grinch”, un desagradable personaje verde y peludo que había sido inventado en 1957 de la mano del escritor Theodor Seuss Geisel, más conocido como Dr. Seuss. 

Una segunda razón es cultural: generaciones de niños nacieron y crecieron esperando la navidad, por lo que es casi imposible encontrar a algún sector de la población que no se sienta influenciado por esta época. Pero el verdadero motivo es meramente comercial: la difusión de los medios de comunicación y la asociación de esta época con la costumbre de los obsequios ha incentivado un frenesí de compras, ya que prácticamente obligatorio dar un regalo en estas épocas. 

La navidad, por lo tanto, es una fiesta que representa el mayor sincretismo cultural posible: una mezcla de costumbres paganas, comerciales y religiosas provenientes de muchos lugares y épocas diversas, aderezadas por las propias costumbres de la sociedad en particular en la que se inserta. Por ejemplo, en Guatemala, la época de navidad engloba otras celebraciones menores como la quema del diablo, que ocurre cada 7 de diciembre, debido a que ocurre nueve meses después del nacimiento de la Virgen María y en el inicio de la época de adviento. Lo positivo de la navidad es que en sentido amplio, genera sentimientos de empatía y solidaridad que no se visualizan en otra época del año, reforzando así los lazos sociales previamente construidos; lo negativo es que la celebración acentúa y evidencia las relaciones inexistentes, enfatizando así la soledad de manera dramática, además de que genera un ímpetu consumista que está muy lejos del espíritu que supuestamente conmemora: el nacimiento de Jesús. Indudablemente, la navidad tiene tantas sombras como luces que la hacen la época más esperada, pero también, la más odiada y superficial del año.