VISITANDO FILGUA

Oscar Augusto Rivas Sánchez

Como todos los años, nos dispusimos a visitar ese evento cultural tan importante para el país, que es la FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO EN GUATEMALA. El descanso del sábado fue el escogido.

Salimos de la casa para virtualmente torear motociclistas y otros vehículos, sabiendo que se necesitaría mucha paciencia para llegar, pero valía la pena. Todo fue como se esperaba, hasta en la etapa final, unas tres cuadras antes de llegar ya en el área de Majadas, donde las inoperantes autoridades de EMETRA permitieron toda clase de tropelías, parqueo en áreas prohibidas, autos en contra vía y similares, esto, en las narices de los señores agentes. Aquello se congestionó de tal manera que hubo que apagar el motor y salir a estirar las piernas; afortunadamente había con quienes platicar: los señores agentes, que no se explicaban que sucedía, que fueron totalmente inútiles para cumplir su tarea y que mejor no hubieran estado en el lugar, eso sí, todos culpaban a FILGUA.

Lo anterior origino hambre y por eso antes de ingresar a la feria preferimos almorzar. Comida sabrosa, acompañada de una muy grata sorpresa: de pronto, junto a nosotros estaba saludándonos el estimado colega Rodolfo Rohrmoser, quien ocupaba otra mesa acompañado de familiares. Después de varios meses de no ver a Rodolfo, su saludo fue muy grato, pero más aun lo fue su comentario relativo a que uno de sus nietos, con apenas ocho añitos, escribió un libro, que esa mañana fue presentado en FILGUA y era el motivo de la reunión que tenían. Hay cosas que me llenan de entusiasmo y lo hecho por ese niñito para mi es muy grande, así que me le acerqué, lo felicité y le di un abrazo, vaticinándole mucho éxito en la vida.

Y ahora a la feria, casi tres horas viendo muchas maravillas, salas con distintas presentaciones, incluida una solo para los más pequeños y también una larga fila de niños que querían fotografiarse con uno de sus ídolos. Libros de todo y para todos, editoriales muy interesantes, en las cajas de pago de las librerías, casi siempre una pequeña fila de compradores; se veía gente de todos los sectores sociales, familias enteras y gran bullicio pues en algunos momentos ni se podía avanzar, era mucha la asistencia.

Me compre solo cinco libros, total también hay que trabajar, incluido uno autografiado por don Francisco Perez de Antón, a quien merecidamente se le dedica la feria y que gracias a su excelente manejo del español, nos permite gozar de la lectura. 

FILGUA es un éxito muy grande, felicitaciones a sus promotores, mantenedores y participantes, así como a la gran cantidad de personas que la han visitado. Si usted no ha ido a la feria, todavía hay tiempo, asista, no se arrepentirá, estos son eventos que engrandecen al país, a nuestra sociedad.

Ya de retorno a casa, me sucedió un inesperado incidente, que gracias a Dios no tuvo consecuencias, pero que no les cuento para que no se rían de mí…