Oscar Rivas Sánchez

Toco el timbre, abren la puerta, sale el propietario y me dice: pase adelante. Ya esperaba ese recibimiento, de todas formas, es una satisfacción especial al ingresar a la casa de un amigo, ser bien recibido.

Si en lugar de decirme pase adelante me hubieran cerrado la puerta diciendo “usted no entra” o “aquí no es bien recibido”, “no vuelva a venir”, “váyase”, me hubiera sentido muy mal. Ojalá nunca me pase y haré todo lo que este a mi alcance para prevenirlo, porque es una vergüenza, ha de ser muy doloroso ser mal recibido y peor si la conducta del propietario fue cargada de razón.

Porque se trata de una situación en la que la única decisión corresponde a quien habita la casa, de nada sirve pedir explicaciones, al fin de cuentas todos somos libres de permitir o no el ingreso a casa de quien eso intente. Aquí no hay presunción de inocencia, debido proceso ni recurso de amparo que valga, simplemente no le permito entrar y se acabó.

Si el dueño de la casa cuenta en las redes sociales que a Fulano no lo dejó entrar a su casa o que nunca lo permitirá, la cosa se puso más complicada, y que tal si va diciendo que no lo deja entrar porque es delincuente, corrupto, su conducta es inapropiada o cosas similares, será para llorar, solo una mente equivocada puede sentirse bien luego de que le suceda algo así.

Pues le cuento que a menudo pasan esas cosas. Hay una casa muy grande en Norte de América, a la que los dueños han dispuesto no permitirle ingresar a ciertas personas, y dan como justificación que son corruptas, antidemocráticas, pertenecientes al crimen organizado y otras cosas parecidas, y lo peor es que lo divulgan a los cuatro vientos, todo el mundo se entera. ¡Qué pena!  ¡Qué bochorno! No se lo deseo a nadie.

Pero así como hay un principio de administración que nos dice que “siempre habrá algo mejor” aquí sucede al contrario, “hay algo peor”: Si se trata de dignatarios o altas autoridades del país, la vergüenza debe ser colectiva, personalmente me preocupa que existan guatemaltecos de quienes se dice esto y que no se trate de Perico de los Palotes, sino de personas que por la posición que ocupan, están obligadas legal y moralmente a ser ejemplo para la sociedad, a llevar conductas más apropiadas.

Absurdamente hay situaciones más graves, como cuando los principales lideres del país se refieren a estos casos como una persecución política, amenaza a nuestra soberanía, algo que se hizo sin pruebas, una violación a la política interna y otras tantas explicaciones inútiles.

Un líder correcto e inteligente, como mínimo debiera llamar a sus allegados y decirles: Al próximo que parezca en esas listas lo destituyo; Ubico, que como todos los tiranos siempre me ha caído mal, pero por quien muchos todavía suspiran, ya los hubiera metido presos, al menos “para mientras se averigua”.