Luis Fernando Mack

“Uno de los más grandes errores es juzgar a los políticos y sus programas por sus intenciones, en vez que por sus resultados”, MILTON FRIEDMAN

Empezamos la semana anterior reflexionando sobre la necesidad que tienen los votantes de tomar conciencia de la importancia que tiene el voto en los regimenes democráticos, y empezamos la reflexión afirmando que originalmente, los proceso electorales fueron diseñados para que, por medio de una competencia justa y equilibrada, los votantes decidieran quién o quiénes eran los representantes más capaces para gobernarlos.

En la realidad, sin embargo, el proceso de elección se ha convertido más en un calvario, que en una fiesta cívica, y por ello, empezamos estas reflexiones con la intención de recuperar el sentido que deberia tener el voto: la de promover a los mejores, y no solo a los oportunistas o a los que saben mentir mejor.

En el camino de los procesos electorales, el ciudadano debe tomar conciencia que ejercer el voto, entonces, es la principal arma que le otorga el régimen para influir en el rumbo que llevan los procesos políticos: apoyar una mala opción, me hace cómplice de las malas decisiones y de los desastres políticos, sociales y económicos que se derivan de tales decisiones; por lo que los ciudadanos que votan por opciones equivocadas, son los principales enemigos de la transformación de la realidad en cualquier sociedad.

Para recuperar el sentido original del voto, entonces, en primer lugar hay que asumir que la única realidad que controlo es la forma en que ejerzo el voto: a muchos votantes se les infunde el miedo irracional a que si vota nulo, desperdicia su voto, ya que supuestamente deja a otros elegir.

Cualquier argumentación que realicen los expertos sobre el voto, depende de la decisión simultánea de muchos votantes, por lo que no puedo ni debo confiar en la decisión que toman los demas. La única desición que debo cuidar es la propia, y mi voto debe dirigirse a quién representa los valores y las cualidades que creo necesarias para ejercer el gobierno.

Decidir apoyar a alguien por interés es una mala práctica, como también lo es votar por enojo, decepción o desesperanza. El voto debe movilizarse por la esperanza del cambio, cosa que hace rato muchos votantes no tienen, porque piensan que todos son lo mismo.

Si esa es la opinión, que no hay ninguno que me represente, hay la posibilidad de ejercer un voto de protesta: movilizarse, y anular el voto como una muestra que ninguno de los que están en contienda, representa ni mi sentir ni mis necesidades, por lo que el voto nulo implica un llamado de atención a quienes eligen a los representantes para que sean más responsables en sus procesos de designación.

El voto nulo, por supuesto, debe ser la última opción; quizá en el camino hay un candidato o candidata que creo que es bueno o buena, pero que pienso que tienen pocas oportunidades de ganar. El voto consiente entonces, debe ser producto de una reflexión seria y mesurada en busca de evaluar las propuestas y la trayectoria de quienes buscan mi simpatía, y en ese proceso, la conciencia de que soy corresponsable de las acciones de quienes apoyo es el principal idea que debo recodar.

Yo no soy responsable de lo que los demás harán, pero si puedo hacerme conciente de que decidir por las razones equivocadas no nos ha llevado muy lejos en el pasado, así que el llamado es a asumir con toda propiedad las consecuencias y posibilidades que trae el ejercicio de voto ciudadano. Seguiremos reflexionando sobre estos temas en el futuro!