Oscar Augusto Rivas Sánchez

Recordar cómo ha sido Guatemala da nostalgia: lo fácil, cómodo, seguro y rápido que era ir al Instituto Nacional en bicicleta; lo bonito que era la sexta; lo seguro que era estudiar en el Cerrito del Carmen o en la Ciudad Olímpica, tiempos idos. Pero hoy quiero recordar como eran las instituciones hace tan solo unos años.

Para los más jovencitos, les cuento que el Tribunal Supremo Electoral fue reconocido nacional e internacionalmente, como un garante de la legalidad y de la pureza de los procesos electorales. El TSE fue tenido como ejemplo, y es que sus integrantes se preocuparon grandemente en darle a Guatemala el mejor de sus esfuerzos.

Vale hacer memoria de personajes de la más alta valía como don Arturo Herbruger Asturias, Manuel Ruano Mejía, Félix Castillo Milla, Mario Roberto Guerra Roldán, Fernando Bonilla Martínez y los honorables ciudadanos que les acompañaban. Todos eran dignos Abogados, Abogados con mayúscula; reconocidos profesionales, lucían trayectorias intachables y tenían un prestigio personal que proteger, motivo por el que nunca se prestaron a maniobras fraudulentas, electoreras o de interés particular; tenían como meta hacer lo mejor y como marco de acción la Ley, todo acompañado del mayor sentido común.

Se pudo elegir una Asamblea Constituyente, se alcanzó la apertura democrática, se hizo una consulta popular, y todo resultó bien hecho, no podía haber reclamaciones fundadas, porque la autoridad electoral actuaba correctamente y la sociedad tenía plena confianza en sus acciones. Y cuando menciono reclamaciones fundadas, lo hago porque en todos los actos humanos siempre queda más de alguien insatisfecho; recuerdo a aquel dirigente partidario que reclamaba que su partido había perdido las elecciones, porque las papeletas habían sido marcadas con un crayón que al doblar el documento, pasaba la marca a otra casilla, alegato que a más de ser una muestra de la creatividad de los políticos para generar inconformidad y discordia, también originó risa en el electorado.

Guatemala tuvo un TSE de lujo y ninguno de sus integrantes era doctor, magister o cosa similar; eran Abogados probos, calidad que fue la única que les valió para acceder a esos puestos.

Por eso, cuando vemos que las cosas ya no caminan como debieran ir, que se admiten candidaturas improcedentes, asambleas ilegales, se ocultan financiamientos, se miran de reojo las campañas anticipadas, se contratan funcionarios comprometidos partidariamente y la ley llega a tener la categoría de trapo sucio, en pocas palabras, que la institución ha sido cooptada, la situación da pena y vergüenza, resultando preocupante, inseguro y falto de credibilidad el producto que se pueda conseguir.

Hace unos pocos días hubo elecciones en Costa Rica, de ellas recojo lo que en mi opinión fue fundamental: nacional e internacionalmente la autoridad electoral fue reconocida por el correcto manejo del proceso. A mí me dio nostalgia y envidia, esos reconocimientos antes eran para Guatemala, ahora nos comparan con Nicaragua y Venezuela, y por cierto no solo en lo electoral, sino en toda la administración pública ¡Que tristeza!