Oscar Augusto Rivas Sánchez

Como cada uno es libre de pensar y creer lo que su entendimiento le diga, veo inapropiada, abusiva, irrespetuosa y originada por intereses bastardos, la conducta de los gobernantes que para defender sus tropelías tratan de ocultarse en la religión.

Ya fue suficiente: se piden bendiciones, pero se hace negocio con las vacunas, se abandona a la niñez, se omiten acciones en beneficio de los que más necesitan del apoyo del estado y se cometen toda clase de delitos, corruptelas y vejaciones; se violan las leyes permanentemente y se hace uso abusivo de los recursos públicos.

Ni soy predicador ni vivo del negocio de la religión, pero no puedo aceptar que, a DIOS, se le mencione e involucre violando su propio mandamiento, en asuntos tan sucios y mundanos como la politiquería que impera en Guatemala. No puedo aceptar que la persecución a los jueces probos; el ocultamiento de los negocios públicos; la condescendencia con actores corruptos; el apadrinamiento de funcionarios señalados de graves infracciones, sea OBRA DE DIOS.

Como parece que solo se acuerdan de las cosas cuando les conviene, les recuerdo que con su gran sabiduría, Jesucristo hizo una clara separación entre lo divino y la politiquería mundana, al declarar que una cosa es el mundo de Dios y otra el del César. Son cosas muy distintas, que no se pueden confundir. Y esta declaración la hizo, vean que casualidad, ante los fariseos, pareciera ser que ya sabía lo que ocurriría en Guatemala dos mil años después.

Si alguna cosa de beneficio para la sociedad hizo la Reforma encabezada por Barrios, el adalid de los liberales, fue separar lo estatal, lo político, de lo religioso y esto, hace mas de siglo y medio. En pocas palabras, puso cada cosa en su lugar.

Sin embargo, en la actualidad como que existe la tendencia entre los politiqueros, de querer volver al oscurantismo, parece que las cosas a la claridad del día no les convienen.

Nadie puede ser criticado por sus creencias, pero es licito señalar el uso presuntuoso y abusivo de las mismas, para justificar acciones desfavorables a la sociedad. Si al salir de casa se encomiendan a Dios y le piden consejo, que bueno, buscan algo que necesitan. Pero eso de estar iniciando con plegarias los actos públicos, reuniones de trabajo y actividades oficiales, en las que casi nunca se dice la verdad y tampoco se hace lo correcto, no es más que hipocresía, en la que hasta los más altos tribunales están cayendo, olvidando otro sabio precepto que orienta nuestra apreciación: “por sus obras los conoceréis”. Recuerdo el caso de alguien que cada vez que lo entrevistaban se decía “temeroso de Dios”, pero que actualmente cumple sentencia por delitos que habiéndole causado gran daño al país, cometió como funcionario en el área de recaudación fiscal. Respetemos las creencias de cada uno, pero también respetemos al país y a los guatemaltecos, entre los que no se puede ignorar que existen creyentes de distintas religiones, quizá de distintas expresiones divinas y también ateos.